El punto dulce.

 

En nuestro cerebro hay un punto que se activa rápidamente cuando le damos alimentos grasientos, salados o dulces, enviando señales de placer que no podemos ignorar. El mensaje es enviado directamente a lo más profundo de nuestra psique y se aprovecha de los millones de años de evolución en los que nuestros antepasados estaban programados para buscar lo dulce, lo salado y lo graso.

 

Se convirtió ya en la época moderna en el arma secreta de los científicos de la industria alimentaria, algo que está muy bien explicado en “Sal, azúcar y grasa. Cómo los gigantes de la alimentación nos engancharon”* de Michael Moss. Moss investiga cómo la industria de los alimentos procesados desarrolla científicamente la comida para atraernos a un nivel muy básico, con la manipulación del sabor para conseguir mejorarlo al máximo.

 

Desgraciadamente, esto se ha vuelto en contra de todos, ya que ha propagado una de las mayores epidemias del mundo desarrollado: la obesidad. Lo que nos queda ahora son comidas muy altas en calorías y sin valor nutritivo. Los aperitivos son los reyes de la despensa y las familias están cada vez más gordas.

 

Con premeditación o no, los expertos de la industria confirman que es nuestra misma naturaleza la que busca el consumo de estas calorías vacías. No obstante, estamos viendo un cambio y una resistencia tanto de los consumidores como de los productores. Cada vez hay más productos orgánicos, más edulcorantes naturales y nuevas formas de obtener azúcar. La gente va tomando conciencia del tan necesario control de las cantidades. Incluso puedes encontrar manzanas en un menú McDonald’s.

 

Pero lo más importante es que los cambios se están aplicando en los hogares. La gente cuenta las calorías e intenta levantarse del sofá y dejar un rato aparcados el ordenador y la televisión. Por primera vez en décadas, la obesidad infantil ha visto una pequeña recesión.

 

Así que continuemos concienciándonos, aunque nuestro cerebro de lagarto desee tomar más sal, azúcar y grasas, nuestro cuerpo tiene más que suficientes. Lee las etiquetas de los alimentos y toma comidas que te sacien o suplementos que te ayuden a llegar al final del día. Y sal a dar un paseo. Hace un día precioso.

 

* Libro no editado en español

 

Zac, Vicepresidente

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