¿No puedes concentrarte? Abúrrete un rato.

 

Me juego lo que quieras que no te acuerdas de la última vez que te aburriste. Pero aburrirte de verdad: no tener nada qué hacer, no saber a dónde ir, no tener a nadie a quién hablar… Sólo tú y tu aburrimiento.

En nuestra frenética sociedad del siglo XXI, el aburrimiento lo hemos declarado actividad non grata (que quiere decir “no mola”). Es más, literalmente le tenemos pánico a estar aburridos. Especialmente en la ciudad es cada vez más insólito ver a personas deambulando sin rumbo por las calles. Si vamos solos, o bien llevamos los cascos puestos, o bien miramos el móvil en esperanza de que nadie se percate de nuestra triste soledad. Es totalmente normal, especialmente para nosotros, los niños. Y tiene una razón muy sencilla: como constantemente nos están bombardeando por todas partes con estímulos de todo tipo – ya sean anuncios, noticias o selfies – nos hemos acostumbrado a esta tesitura vital. Los más jóvenes no conocemos otra manera de percibir el tiempo. Hemos ido llenando todos los huecos de nuestras vidas con tareas. De camino al colegio escuchamos música. Entre clase y clase revisamos las redes sociales. Comiendo miramos la televisión. A la hora de merendar respondemos mensajes. Y antes de ir a dormir miramos nuestra serie favorita. Es un no parar.
Y es que hemos aprendido que aburrirse no es productivo.

¡Mentira! No hacer nada no significa perder el tiempo. Al contrario: en los últimos años cada vez más científicos aseguran que el aburrimiento es clave para mantener nuestro cerebro activo y poder concentrarnos adecuadamente. Lo demostró la Dra. Sandi Mann, psicóloga en la University of Central Lancashire (Reino Unido). En su experimento, instó a un grupo de personas a realizar un ejercicio que estimulaba su creatividad. Antes de ponerse manos a la obra, una parte del grupo tuvo que hacer una tarea extremadamente tediosa: copiar números de un directorio telefónico durante 15 minutos. Adivinad qué grupo fue más creativo solucionando el ejercicio… Exacto, el que se aburrió copiando los números de teléfono. Tiene una explicación muy sencilla: cuando nos aburrimos, nuestra mente desconecta y soñamos con los ojos abiertos. Y cuando volvemos al trabajo somos más creativos y estamos más concentrados.

Así que si nuestros cerebros no paran de funcionar durante el día entero, tampoco nos extrañemos que no sea productivo. Reivindiquemos la instauración del aburrimiento en el día a día. Salgamos a caminar diez minutos sin rumbo; examinemos cómo da vueltas la lavadora; tiremos pelotitas de papel al cubo de basura. Aburrirse es más enriquecedor de lo que pensamos. Y las razones están más que claras.

Por ahora os dejo, voy a aburrirme un rato. Toca ser productivo.

 

Marc, 14 años, alumno

Comentarios

Comentarios