Pan o no pan, esa es la cuestión.

 

Todo ocurrió muy repentinamente, pero también tuve mucha suerte. Recibí una llamada tras una visita rutinaria al médico. Era viernes por la tarde y ya tenían los resultados de mi análisis de sangre. “El azúcar está alto. Tienes que venir”.

Me marché del trabajo bastante nervioso. Soy una persona sana; como bien, hago deporte, no fumo. Admito sentir una cierta debilidad por el chocolate, pero eso no es grave, ¿verdad? Me encantaba tomar algo después del trabajo, pero nada a lo Don Draper. Mi Fitbit siempre tenía la rayita en verde. Y, sin embargo, aquí estoy con diabetes.

Sin ninguna razón en particular. Así es como están las cosas. No hay nada que pueda hacer, a parte de cambiar mi manera de comer. Controlar mis niveles de azúcar. Avanzar. Necesito pensármelo dos veces antes de comer un trocito de pan. Pan. Algo tan simple, nunca pensé que lo llegaría a echar tanto de menos. Se ha convertido en un capricho o en un premio, como el chocolate.

De momento el cambio en la dieta ha sido bastante sencillo, pero se complica al viajar. ¿Alguna vez has tenido que pararte a pensar qué lleva la salsa que acompaña tu pescado? ¿Te has visto obligado a cargarte de provisiones para un vuelo de 9 horas o un largo viaje en coche?

Ahora las cosas están bajo control, pero voy a vivir el resto de mi vida siendo un diabético. Y créeme cuando te digo que añoro el pan.

 

Leo, Director General

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