¿Tienes hora? Claro, ahora pregunto a mis genes – Premio Nobel al descubrimiento del reloj biológico.

 

Muchos de nosotros condenamos la maldita rutina en la que aparentemente estamos encarcelados. Y romperla nos hace sentir más vivos. Nos levantamos temprano para ir a trabajar, trabajamos, comemos, volvemos al trabajo y, aunque nuestro cuerpo nos pida una cama a gritos, salimos a cenar, de fiesta o miramos un capítulo de nuestra serie del momento. Durante el día cumplir el horario es fácil, pero cuando llega la noche nos da igual la hora que sea, sólo queremos “vivir la vida”.

No obstante, y muy a mi pesar, resulta que ignorar las necesidades de nuestro cuerpo es más perjudicial de lo que pensamos. La semana pasada, tres científicos norteamericanos recibieron el premio Nobel por su rompedor descubrimiento sobre los ritmos circadianos. Estas palabrejas no significan más que nuestro reloj biológico. Según Hall, Rosbach y Young – los 3 galardonados – existe una estrecha relación entre respetar los horarios que nos marca el cuerpo y nuestro estado de salud. Veamos entonces cómo funciona el famoso “reloj interior”, y es que parece que no es un invento de la astrología.

Como era de esperar, el responsable de nuestros ritmos circadianos es – también – un gen. Y este gen del período se encarga de la producción de una proteína, llamada PER, que aumenta durante la noche y disminuye durante el día. ¿Por qué tenemos sueño por la noche entonces? Fácil: al aumentar esta proteína, se desactiva el gen del período y nuestro reloj biológico se ralentiza. Por ello (y otros factores como la producción de melatonina), dormimos. En cambio, cuando se hace de día, la proteína PER va disminuyendo, el gen del período se vuelve a activar y estamos listos para los retos de la jornada.

Dicho esto, no hace falta ser un científico premiado con un Nobel para percatarse de que alterar el ritmo natural de genes y proteínas no debe ser muy beneficioso. Es más, los 3 científicos añaden que – a corto plazo – no cumplir con nuestro reloj biológico puede dañar la formación de nuestra memoria. Pero lo más preocupante: a largo plazo puede que aumentemos el riesgo de padecer enfermedades del corazón, cáncer o diabetes del tipo 2. Y no hace falta mencionar los trastornos del sueño.

Pero no nos asustemos. Reconocer nuestro reloj biológico no es tan difícil: cuando notes cansancio, duerme. Escucha tu cuerpo y no intentes forzarlo a seguir despierto. Todo depende del compromiso que tienes cuidándote. Y está claro que combinar el horario laboral con las exigencias de nuestros genes no es una tarea sencilla. Pero si hay algo a lo que no nos podemos enfrentar es a nuestro propio cuerpo.

La próxima vez que me descubra consultando la hora en el móvil para decidir si mirar un capítulo más o irme a dormir ya, preguntaré a mi gen del período. Seguro que él me da la respuesta más saludable.

 

Alex, Estudiante

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