Todas las venas llevan a Roma. O como superar toda clase de enfermedades circulatorias.

 

Una red viaria tiene venas, arterias y capilares. Hay carriles de ida, las arterias, y carriles de vuelta, las venas. A partir de miles y miles de bifurcaciones y desviaciones que desembocan en los capilares, estas carreteras cada vez más pequeñas te llevan hasta el lugar más remoto de tu cuerpo. También hay tramos dónde te encuentras peajes, las válvulas, que regulan la circulación.

En las calzadas hay todo tipo de partículas. La gran mayoría son glóbulos rojos, el resto son glóbulos blancos y plaquetas. Los glóbulos rojos son vehículos privados que se encargan del transporte. Transportan pasajeros llamados oxígeno. Los glóbulos blancos son el dispositivo policial, porque forma parte del sistema inmunitario. Y finalmente las plaquetas, ambulancias que velan por cerrar las heridas.

Y en todo camino puede haber retenciones, ya sea por vehículos o por colesterol. Según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid, cuando se supera la cantidad de 2 coches por segundo sobre un carril de dimensiones óptimas, se empiezan a crear retenciones. Lo mismo ocurre cuando hay aproximadamente más de 240 mg/dl de colesterol en la sangre. La circulación se ralentiza considerablemente. Y el riesgo de taponamiento de la vía se dispara. Esta se va cerrando progresivamente, provocando un aumento de dos factores. Por un lado la presión sanguínea. Y por otro los nervios… de los conductores, que cada vez avanzan más lentamente.

Solo hace falta que un conductor no mire el retrovisor o frene demasiado tarde. Si hay un accidente, se paraliza el tráfico. Ya no pueden desplazarse ni los glóbulos rojos, que llegan tarde a la oficina; ni los glóbulos blancos, que están persiguiendo a unos delincuentes; ni las plaquetas, que deberían velar por la salud de la vía… Se acumulan tantos lípidos (nuestro querido colesterol) que se tapona el vaso sanguíneo. Lo que impide la llegada de sangre al cerebro y provoca una embolia o ictus cerebral.

No nos mintamos… un riesgo que muchas veces corremos innecesariamente. Solo nosotros somos los culpables. Un vaso sanguíneo se tapona porque comemos demasiado bacon. Una autovía se atasca porque somos unos vagos y vamos a ver al vecino en coche. Y todo se vuelve en nuestra contra. ¿Qué hacer? ¿Dejar de comer bacon? Ni pensarlo, está demasiado bueno. ¿Dejar de conducir? Ni hablar, necesitamos desplazarnos rápidamente. Hay una única solución para resolver este dilema gastronómico-viario. Un único hábito que está a tu alcance y que ayuda a evitar tanto las retenciones de tráfico como el taponamiento de una arteria. Algo que ayuda a prevenir tanto los atascos como los infartos: ir en bicicleta.

 

Alex, Estudiante

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