Un día sin Google – O cómo internet va atrofiando nuestro cerebro*.

 

Ayer me fui a dormir pensando en cómo sería mi vida sin internet. Y la única conclusión sólida a la que llegué fue irme a dormir, porque no fui capaz de imaginar tal utopía (o distopía). Con mis 21 años no tengo ni remota idea de cómo sería una vida sin teclear cualquier consulta en la barra del buscador. Así que hoy me he levantado con la firme decisión de evitar internet en toda la jornada.

Tras un saludable desayuno compuesto por un zumo détox de naranja y zanahoria (que descubrí hace unos días tecleando “recetas zumos saludables”) se me viene una primera reflexión a la mente. Y es que hace un tiempo leí que internet (y en gran parte gracias a los buscadores) se está convirtiendo en nuestro meta-cerebro. Una extensión del mismo, vamos. Me gustaría deciros de donde saqué esta información, pero como no puedo usar Google lo dejamos aquí. Sea como sea, no hace falta mucha evidencia para entender que hoy memorizamos menos cosas que hace diez o veinte años. El ejemplo por excelencia es el entrañable anciano jactándose de su juventud: En mi época, ¡yo me sabía los códigos postales de todos mis amigos! Hoy, cuando enviamos una carta (lo que rara vez ocurre) tecleamos “código postal calle muntaner con aragón” en la barra del buscador.

Mi siguiente reflexión es: ¿Cómo puede ocurrir que estemos usando un meta-cerebro externo, cuando la comunidad científica da por sentado que apenas explotamos una décima parte de nuestro propio cerebro? ¿Seguro que era una décima parte? Reprimiendo mi intención inicial – casi convertida en instinto – de corroborar este dato con Google, me dispongo a desempolvar la enciclopedia. Tras experimentar un sentimiento un tanto melancólico y acercar la nariz al papel para recordar esa fragancia del pasado, me dispongo a buscar la palabra “cerebro”. Leo el artículo, pero mi búsqueda resulta frustrada. Lo intento con un par de libros de anatomía humana; sin éxito. ¿Realmente no existen datos que corroboren el desaprovechamiento de nuestro cerebro? Quizás simplemente no sea capaz de encontrarlos sin internet. Y estoy seguro que no soy el único al que le ocurriría.

De forma constante me aparecen dudas que solo internet parece poder resolver. Efectivamente, pues, es una extensión de mi cerebro. Porque lo que no sé yo, lo sabe él. Y sin ni a penas percibirlo, todos nos hemos ido acostumbrado a esta dinámica. ¿Se convertirá internet (gracias también a Google) en parte de nuestro cerebro? ¿No lo es ya, acaso?

Google no es malo, por supuesto. E internet menos. Y es que si ayer teníamos acceso a un mundo, hoy tenemos acceso a un universo entero en crecimiento. Sin embargo nos estamos acostumbrando a un frenesí de respuestas inmediatas que, poco a poco, podrían ir atrofiando nuestra capacidad de solucionar problemas de forma autónoma. Mientras seamos conscientes de ello, adelante.

Pero nunca deberíamos olvidar que no hace mucho éramos todos capaces de sobrevivir sin internet y sin Google. Y yo no sé ni si voy a sobrevivir el día de hoy.

* Téngase en cuenta que este post se ha escrito en su totalidad sin consultar Google ni otro tipo de buscador digital. Se han usado 3 diccionarios, se han consultado 4 libros de enciclopedia y se han invertido más de 10 horas en su creación, aunque no lo parezca. Y es que con Google todo se hace más rápido, ¿verdad?

 

Alex, Estudiante

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